| Con esta historia quiero contaros la
experiencia más excitante que he tenido jamás. Yo
tenía 18 años, estaba en primero de derecho y como
siempre llegaba tarde a clase.
Cuando llegué ya habían comenzado las clases, y
los únicos asientos libres eran los más cercanos
a la mesa de la profesora. Las mesas de los alumnos estaban ubicadas
en pendiente, estando situada mi mesa más abajo que el
resto.
La clase no era particularmente interesante, y me empezaba a
aburrir, por lo que me recosté en mi silla y me puse a
observar a la profesora, que después de realizar apuntes
en la pizarra se dirigía hacia su silla.
Era una profesora joven, de unos 30 años, con el pelo
corto, casi a lo "chico", que dejaba al descuebierto
un rostro de lo más atractivo. Ese día llevaba un
vestido blanco que resaltaba su figura llena de curvas, dejando
al descubierto unas estupendas piernas.
Al sentarse, perdí el interés en ella que no dejaba
de dar sus explicaciones, cuando de pronto, recostado como estaba
observé que por debajo de la mesa podía no sólo
observar sus largas piernas, sino también algo más,
unas braguitas blancas a juego con el vestido.
A partir de ese momento, y consciente de que nadie más
podía ver lo que desde mi privilegiada situación
se observaba, no podía hacer otra cosa que mirar ahí;
Intenté concentrarme en sus explicaciones, en la pizarra,
pero una y otra vez mi vista volvía a sus dos piernas,
y al fondo de ellas.
La situación comenzó a excitarme, notando como
mi sexo comenzaba a crecer cada vez más. Mi mirada fija
en ella, cuando de pronto veo que abre algo más las piernas.
Sorprendido elevo algo la vista y veo que en ese momento estaba
mirandome directamente a los ojos.
Sin dejar de dar su explicación, me miraba directamente,
con la clara intención de darme a conocer que sabía
que la estaba observando, brindándome las cada vez más
abiertas piernas, abertura secreta para el resto de los alumnos,
que desde posiciones más altas no podían disfrutar
de aquel espectáculo.
A mitad de la explicación, se excusó por la interrupción,
saliendo un momento de la clase. Al minuto volvía, sentándose
de nuevo para mi regocijo. La polla me iba a estallar cuando pude
observar que las braguitas blancas habían desaparecido.
Podía observarse claramente un coñito perfectamente
afeitado, que yo sabía sólo para mi. Allí,
delante de toda la clase, tenia a mi profesora abierta de piernas,
afeitada y sin parar de dar su clase. Sin poder más, comencé
a tocarme por encima del pantalón, teniendo que parar para
no correrme allí mismo.
Al terminar la clase iba a salir disparado hacia el baño
para "relajarme" cuando de pronto la profesora me llamó,
al acercarme me entregó una nota diciendome por favor que
la llevara a conserjería. Por un momento me llevé
un chasco, ya que con lo caliente que me habia dejado esperaba
algo distinto, sinembargo la mirada que me dedicó hizo
que leyera la nota, viendo apuntada una dirección y una
hora.
Allí estaba en punto esa tarde, notando cuando llamé
a la puerta que estaba entreabierta. Aceptando aquello como una
invitación a pasar, entré en la casa, buscando a
mi profesora exibicionista. La encontré en el dormitorio,
tumbada boca abajo sobre la cama, totalmente desnuda. Un cuerpo
delicioso me estaba esperando, y al notar mi entrada comenzó
a elevar ligeramente su hermoso culo, dejando ver claramente esa
rajita que tanta excitación me había provocado en
clase. Me quedé extasiado cuando de pronto ví como
una perra (tal y como pude comprobar más tarde) se subía
a la cama y comenzaba a lamerle todos sus agujeritos.
Aquella deliciosa mujer, con todo su sexo en pompa y aquel animal
lamiendoselo me pusieron a cien. Necesité apenas unos segundos
en desnudarme cuando empecé a notar sus gemidos. La muy
puta estaba gozando de la lengua del animal. La perra, Lily la
llamaba entre jadeos, pasaba su rugosa y gran lengua por el coño
empapado de mi profesora. Quise apartar a la perra, pero oí
que me decía que si quería metersela a ella, ANTES
tendría que hacer gozar a su perra.
Mi polla no podía más, así que no perdí
el tiempo. Nunca antes había tenido una experiencia de
este tipo, pero ya no podía ni pensar.
Sin saber muy bien que hacer, comencé a acariciar suavemente
la raja de la perra. Al principio ni se movió, pero poco
a poco noté como variaba el ritmo de sus lenguetazos al
sexo de mi profesora, respondiendo a mi mano. Comencé a
meter mi dedo poco a poco cuando oí : "métesela"
. Intenté decirle que era a ella a quien se la quería
meter, pero la respuesta fue que primero la perra, así
que sin otra alternativa comencé a frotar la punta de mi
polla erecta sobre el coño del chucho.
Estaba húmedo y calentito, y aunque estrecho, respondía
bien a los empujones cada vez más fuertes que le propinaba.
La mujer, ante la falta de lenguetazos de la perra como reacción
a mis embestidas, se dió la vuelta y sin dejar de mirarme
directamente a los ojos, comenzó a masturbarse. Pude oir
como se corría la muy puta. Gritaba como si nadie la pudiese
oir, mientras sus dedos se movían frenéticamente
sobre su clítoris. Verla así, y el suave tacto del
coño de Lily hizo que me corriese en su coño animal
con un orgasmo increíble.
Cuando por fin saqué mi polla, estaba avergonzado. Acababa
de follarme una perra mientras me miraban; pude ver como unas
gotas de mi semen caian de ese coñito de perra cuando la
profesora la dió la vuelta.
La perra puso su sexo a la altura de la mujer, comenzando esta
a lamerselo con fruicción. Sus manos volvieron a su propio
clítoris, comenzando una nueva masurbación...
Más tarde, después de correrse de nuevo y dejarme
a mi de nuevo con la polla a reventar, despidió a la perra...
y a mi.
Nunca se volvió a repetir, epro ahora cada vez que veo
una perra no puedo hacer otra cosa que mirar hacia un nuevo tipo
de sexo...
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