| Por mi trabajo había sido trasladado a
una localidad cercana a Bilbao. Siempre me acompañaba mi
familia. Mi esposa trabo amistad con una chica que trabajaba en
una peluquería, y que se llamaba Manoli. A través
de esta amistad conocimos a su marido, que se llamaba Juan, y al
resto de sus amigos, ya que ellos formaban parte de la banda de
música del pueblo.
Algunas veces cuando mi mujer se desplazaba a nuestro pueblo,
a visitar a su madre, yo me quedaba solo en casa esperándola.
Poco más tarde llegaba Manoli, que también esperaba
a Juan, mientras este ensayaba con sus compañeros de banda.
Escuchábamos música y veíamos televisión
mientras mi mujer y Juan llegaban. En alguna ocasión Manoli,
se había insinuado levemente, acariciándome el pelo
y cosas similares, pero sin llegar a suceder nada.
Yo le comentaba esto a mi mujer, y ella me decía que si
se volvía a presentar la ocasión no la desperdiciase,
y que me la follara con gusto, para luego contárselo y
disfrutar los dos como enanos. Pero mi sorpresa fue total cuando
Silvia, que así se llama mi mujer me contó que Manoli
le había dicho que tenia ganas de verla follar con Juan,
que le produciría mucho morbo, que también fantaseaban
con que Silvia estaba en la cama con ellos y que cuando esto sucedía,
su marido la hacía gozar como una perra en celo, así
que quería ver como se comportaría mi mujer follándose
a su marido, y que este tenia ganas de darle por el culo.
Silvia me contó todo esto, no sin antes indicarme que
a ella también le apetecía tener una sesión
de sexo en parejas y que si yo estaba dispuesto seguiríamos
adelante.
Yo le dije que por mí de acuerdo, que ella ya sabía
las ganas enormes que tenia de follar con Manoli, y que también
me producía morbo el verla follar con otro.
Silvia habló con Manoli, y quedaron en que vendría
a nuestra casa, con la excusa de depilarla, y así concretar
las cosas. Ya en nuestra casa, Manoli depilo a Silvia, estando
yo delante y acariciando el clítoris de mi mujer para ir
entrando en juego, que se puso más húmeda que una
bayeta, y mi polla más tiesa que el palo de una bandera,
a todo esto Manoli dijo que si queríamos hacer algo más
nos dejaba solos, a lo que le dijimos que también ella
podía participar. Me dijo que saliera un momento que tenían
que hablar entre ellas. Salí de la casa y me fui a un bar
cercano a comprar cervezas, pues sabia que a Manoli la ponía
cachonda el beber cerveza. Cuando llegue me dijeron que estaban
de acuerdo en continuar nuestro juego, pero ahora los tres, les
enseñe las cervezas y las dos se echaron a reír,
pues sabían lo que se avecinaba.
Empezamos con unos toqueteos para luego irnos sacando la ropa
poco a poco, cuando Manoli se saco su sujetador, pude por fin
ver las tetas que tan cachondo me ponían, no eran tan grandes
como las de mi mujer, pero estaban bien tiesas, con unos pezones
salidos que pondrían cachondo al más templado. Le
hice un guiño a mi mujer, y esta se saco también
el sujetador, y cual no fue nuestra sorpresa al ver como Manoli
se lanzo hacía los pechos de Silvia como si fuera una posesa.
Al mismo tiempo introdujo uno de sus dedos en el coño de
mi mujer y empezó un saca mete que hizo que Silvia empezara
a gemir de una forma descomunal. En ese momento yo me lance hacia
el cuerpo de Manoli, y empece a lamer sus tetas y a mordisquear
sus pezones, lo que hizo que se pusieran más tiesos todavía.
Después de estar un buen rato succionando sus tetas y pezones,
mi nabo ya había alcanzado un tamaño considerable,
no solo por estar chupando sus tetas, sino también por
el morbo que me producía ver a Silvia ser chupada y acariciada
por otra mujer, y desde luego por las caras de viciosas que ponían
las dos.
Fui bajando mi lengua por todo el cuerpo de Manoli, parando en
su ombligo, al que le di unos cuantos lametones. A todo esto ella
llevaba puestos sus pantalones vaqueros todavía. Al ritmo
de mis lametones ella movía sus caderas de una forma acompasada,
lo que indicaba que tenia ganas de más cosas. Desabotone
su pantalón y bajando la cremallera procedí a sacárselos,
a lo que ella me ayudo levantando sus piernas. Pude por primera
vez verle sus diminutas braguitas negras de encaje, lo que me
puso más cachondo todavía, haciendo que aumentase
el tamaño de mi polla. Empece otra vez a lamer su cuerpo,
haciendo una parada especial en sus ingles, lo que hizo que arqueara
su cuerpo ofreciéndome su coño. Con mi boca retire
sus braguitas y a mi vista quedo un coño abierto, parcialmente
rasurado, y con unos labios que decían "comerme",
y allí fue a parar mi boca. Empece una descomunal mamada,
que hizo que Manoli se viniera a los pocos momentos de iniciarla,
seguí en esa posición, hasta que de nuevo se corrio
como una loca, gimiendo y gritando de tal forma, que hizo que
Silvia también alcanzase un orgasmo sensacional.
Ya entonces y sin poder aguantar más, dirigí mi
polla al coño de Manoli, con la intención de derramar
toda mi leche en su interior, pero ella mi dijo que esperase un
poco más, que eso llegaría después, entonces
tomo mi polla con sus manos y abriendo su boca empezó a
hacerme una mamada como hacía tiempo no había disfrutado.
Al ver esta escena, Silvia dirigió su boca al coño
de Manoli, mientras esta metía dos dedos en el coño
de mi mujer, esto me puso más cachondo si cabe, y empezamos
los tres una deliciosa sesión de sexo que termino minutos
después cuando nos corrimos como verdaderos posesos. Derrame
toda mi leche en la boca de Manoli, que casi se atraganta, por
lo que saco mi polla de su boca que fue a parar a la de Silvia,
dándome tales lametones que me corrí de nuevo, pero
esta vez en la boca de mi mujer. Cuando nos calmamos nos tomamos
una cerveza para que la historia continuase.
Después de nuestra juerga anterior, y de tomarnos esa
cerveza, descansamos un rato, y nos pusimos a tomar unos frutos
secos para recuperar fuerzas.
Durante esta comida, la cosa fue tomando derroteros eróticos,
ya que Silvia, mi mujer, mojaba en su coño todavía
húmedo cacahuetes, avellanas, almendras, etc. y nos los
daba a comer a Manoli y a mí indistintamente, y puedo decir
que nos sabían a gloria, ya que las caras que poníamos
no indicaban otra cosa.
Siguiendo con esta manera de comer, no se me ocurrió mejor
cosa que mojar los frutos secos en los jugos de las dos mujeres
y degustarlos como si fuesen el mejor de los manjares.
Manoli en un momento dijo que eso no estaba bien, ya que ellas
querían probarlos untados de mi leche, al estilo de esos
yogures que se toman con cereales. Para conseguir este efecto
metimos varios frutos dentro de un condón, y que Manoli
con su boca coloco en mi "carallo" (como decimos en
Galicia). Entre las dos empezaron una sesión de caricias
que hizo que la temperatura subiera de tono, y consiguiendo que
mi polla empezase a tomar un tamaño considerable. Manoli
metió dos de sus dedos en el coño de Silvia y los
movía de tal manera que pronto empezó a gemir, dando
tales grititos que casi se oyen en la calle, al mismo tiempo empece
a lamer y mordisquear las tetas de Manoli, que respondieron al
instante, poniéndosele los pezones tan duros que parecía
que iban a salirlese de los pechos, como si fuesen dos balas de
cañón. Mi polla en ese momento ya había alcanzado
su tamaño máximo, llenando por completo el condón
y tropezando la punta con los frutos secos que tenia en su interior,
lo que me producía un placer que hasta la fecha no había
tenido. Mi cara empezó a crisparse de tal manera, que ellas
al darse cuenta empezaron a hacerme la paja más grandiosa
de mi vida, y ya no pude más, vacíe mi leche en
el interior del condón que se mezclo con los frutos secos.
Manoli me lo quito con su boca, tal como me lo había puesto,
y Silvia le pego una lamida a mi polla para dejarla reluciente.
Fue la experiencia más placentera de mi vida. Ellas agitaron
el condón para que los frutos secos se mezclasen bien con
la leche, y una vez conseguido esto los fueron comiendo uno a
uno como si de un néctar se tratase.
Manoli dijo entonces:
Quiero volver a empezar otra vez, para gozar de vuestros cuerpos
y del sexo como nunca lo he hecho.
A lo que Silvia contesto:
- Tranquila, sabia que te gustaba, pero no que fueses tan salida.
Ahora tendrás tu nueva ración de sexo, ya que mi
marido te va a dar por donde Juan quiere darte y tu no le dejas.
Ella dijo: "Por el culo no, que me duele", yo le comente
que se tranquilizara, que la íbamos a untar lo suficiente
para que la experiencia no fuese dolorosa, nos comento que su
marido en varias ocasiones la quiso follar por el culo, pero que
sin la debida estimulación ni lubricación, por lo
que se había convertido en una experiencia negativa. Procedimos
a untar bien con vaselina su agujero trasero y a estimularlo con
los dedos para que se fuese abriendo. Una vez abierto Silvia introdujo
uno de sus dedos en ese agujero a la vez que yo metía dos
dedos en su aún lubricado coño, dándole unos
movimientos de mete saca, con lo que conseguimos que se relajara,
y que su agujero trasero se fuese abriendo poco a poco, de tal
forma que Silvia consiguió meter dos dedos en el mismo.
Manoli empezó a gemir, primero despacio para luego hacerlo
de una forma casi salvaje. Sus grititos de placer inundaron toda
la casa, lo que hizo que tanto mi mujer como yo nos pusiésemos
a mil.
Mi polla de nuevo comenzó a crecer y Silvia se la metió
en la boca, para proporcionarme una nueva mamada y al mismo tiempo
lubricarla para poder meterla sin problemas en el culo de Manoli.
Yo dirigí mi lengua a su clítoris y comencé
una comida de coño como hacia tiempo que ella no disfrutaba,
cuando estaba a punto de correrme mire a Silvia y esta entendió
a la primera lo que estaba a punto de pasar. Dejo de succionar
mi polla y quito sus dedos de dentro del culo de Manoli, que gruño
en señal de desaprobación, pero quedo sorprendida
cuando Silvia empezó a lamerle el coñito y yo la
coloque a cuatro patas, para colocar la punta de mi polla en su
culito. Con las manos separe sus nalgas, para que el agujerito
se mostrase totalmente abierto, ella reacciono abriendo sus piernas
aún más, con lo que nos facilito la labor, Silvia
metió toda su lengua en el coño de Manoli, a la
vez que yo fui introduciendo poco a poco mi polla en su culito,
iba entrando con alguna dificultad, pero se notaba que le gustaba
por que decía: "No pares, continua taladrándome
con esa polla húmeda. Y tu Silvia no dejes de lamerme,
que me estáis matando de gusto". Continuamos en nuestra
faena, hasta que conseguimos corrernos de nuevo los tres. Ella
nos dijo " Es la mejor tarde de mi puta vida"
Le comentamos que nosotros también disfrutamos y que teníamos
que volver a repetirlo otro día, pero esta vez estando
Juan. Ella comento que si el queria bien, pero si no que estaba
dispuesta a venir ella sola.
Después del día maravilloso que habíamos
pasado, la llevamos a su casa, yo conducía mi coche por
la autopista, Silvia iba sentada a mi lado y Manoli en el asiento
trasero. Fuimos comentando lo estupendo que fue el día
y lo reconfortante que era tener sexo sin complejos, por lo que
la temperatura fue subiendo de tono. Mi polla fue creciendo por
momentos y formando un bulto en el pantalón bastante sensible,
a lo que mi esposa respondió abriéndome la bragueta
y sacándola fuera, para comenzar a hacerme una paja, a
lo cual respondí con una erección plena. Manoli
al ver esto empezó a acariciarse los pechos por encima
de la blusa y puso ese gesto de viciosa que ya conocíamos,
yo con una mano empece a acariciar a Silvia, respondiendo con
unas convulsiones dignas de un orgasmo, por lo que deduje que
tenían ganas de juerga otra vez. Efectivamente, Manoli
se acerco a mi mujer y comenzó a besarla apasionadamente
y a acariciarle las tetas por encima del sujetador.
Ante esta situación y para evitar un accidente detuve
el coche en una zona de descanso. Una vez parados, mi esposa empezó
a chuparme la polla con una fuerza descomunal, al mismo tiempo
que yo me dedicaba a acariciar las tetas de Manoli, que ya se
había despojado de la blusa y el sujetador, entre los dos
fuimos desnudando a Silvia, luego fueron ellas las que me desnudaron
a mí, una vez los tres desnudos empezamos una serie de
caricias, sin saber quien acariciaba a quien, lo que consiguió
que los tres nos pusiéramos a mil. Yo en ese momento recliné
el asiento de Silvia, dejándolo completamente horizontal,
me agaché un poco y le hice una mamada que la llevó
a correrse como una loca. Mientras tanto Manoli se estaba masturbando
en el asiento trasero, yo llevé mi mano hasta su coñito
y empece a acariciarle el clítoris, sin dejar de mamar
a mi mujer, que a su vez seguía chupándome la polla.
Introduje dos dedos en el coñito de Manoli y empece un
rápido mete saca que la hizo correrse un par de veces.
Estabamos en plena faena, cuando alguien tocó en el cristal.
Nuestra sorpresa fue mayúscula, cuando vimos que se trataba
de un tipo de 1,90 mts. de altura, más ancho que un armario,
medio tapándonos como pudimos, bajamos la ventanilla y
le preguntamos que pasaba. Nos dijo que era camionero, y que al
ver el coche pensó que necesitaríamos ayuda. No
dejaba de mirar descaradamente hacia las dos, y observamos que
en su entrepierna se estaba formando un bulto prominente, les
hice un guiño a las dos mujeres y estas asintieron al unísono.
Abrimos la puerta trasera y le invitamos a pasar, él no
se lo pensó dos veces, se bajó la cremallera y saco
su verga que, si bien no estaba empalmada del todo, presentaba
un buen tamaño, se puso al lado de Manoli y empezó
a sobarle las tetas de una forma descarada, a lo que ella respondió
agarrándole la verga con la mano, para empezar una paja,
él se la retiro y le agarró la cabeza por el cuello,
al tiempo que le decía "quiero que me la chupes toda".
Ella respondió abriendo su boca y tragándose su
polla, que en esos momentos estaba completamente erecta. Silvia
y yo observamos atónitos el buen hacer de Manoli, y lo
golfa que era, pues para ser la primera vez que practicaba sexo
fuera de su matrimonio, lo estaba haciendo muy bien. El camionero
introdujo dos dedos en el coñito de ella y fue sacándolos
y metiéndolos acompasadamente, lo que hizo que ella levantase
su culo para que pudiera meterlos más adentro.
Al ver esta escena, Silvia y yo nos calentamos de nuevo. Comencé
a hacerle una mamada que duro un par de minutos, que hizo que
ella tuviese un orgasmo, como si de un buen polvo se tratase.
Fue entonces que el camionero cogió a Manoli en el colo
y la llevo hacia el camión. Nosotros quedamos un poco sorprendidos
y nos dirigimos al mismo, preguntándole si se encontraba
bien. Ella nos dijo que estupendamente y que por favor esperásemos
un rato, que quería disfrutar. Esperamos en el coche por
espacio de media hora, cuando llegó y comento que había
sido uno de los mejores polvos de toda su vida. Dijo que luego,
con más tranquilidad, nos contaría como fue la cosa.
El caso es que ella caminaba con las piernas un poco arqueadas.
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