La historia que voy a contar sucedió un sábado cualquiera de
no sé que mes y de cuyo año no quiero acordarme.
Sonia y yo no somos muy devotos a salir los sábados por la
noche, el motivo no lo sabemos ni nosotros mismos pero el caso
es que ha llegado un tiempo en que no nos entusiasma demasiado
salir de fiesta. Casualmente hoy era sábado y decidimos vernos
con unos amigos que hacía mucho tiempo que no nos veíamos; quedamos
en un local tranquilo donde poder hablar larga y extensivamente
sobre nuestras vidas y nuestros quehaceres actuales. Como ya
sabemos, Sonia trabaja alejada de su familia y de mi en una
empresa situada en Madrid.
Por mi lado, estoy terminando la carrera y pronto empezaré
a trabajar. Las otras dos vidas no son relevantes en este relato.
Aquella noche fue muy especial para todos nosotros. Disfrutamos
de grandes momentos recordando tiempos pasados, hablando y planeando
futuras bodas, etc. Nos pasamos en aquel local cerca de casi
tres horas pero a todos nos pareció como si únicamente hubieran
pasado cinco minutos. Realmente estábamos a gusto y no queríamos
irnos a casa tan pronto, a pesar de que eran ya las dos de la
mañana.
Decidimos ir a un bar de copas muy cercano al anterior donde
normalmente va mucha gente y pasamos del plan tranquilo y hablador
a un plan más distendido y bailongo. Para nosotros supuso como
un destape, necesitábamos desfogar toda la energía contenida
durante tres horas anteriores donde lo único que conseguimos
mover fue la lengua. Como buenos caballeros, mi amigo y yo fuimos
a pedir algo de beber a nuestras damas. Para cuando llegamos
ellas ya estaban metidas en el ambiente y bailaban sensualmente
en medio de todo el bullicio; nosotros nos incorporamos alegremente
a la nueva situación y seguimos al ritmo de sus caderas la música
que se oía. Sonia, al igual que yo, es una persona tranquila
y que como ya he comentado antes no suele salir demasiado de
fiesta, pero aquella noche era una noche de fiesta.
Para ella, una noche de fiesta supone bailar y he de reconocer
que cuando se pone a bailar me da envidia porque realmente baila
bien. Sonia tiene veinticuatro años, es de una estatura media,
tiene el pelo corto. Su rostro es angelical, parece que nunca
haya roto ningún plato pero esconde dentro de sí una personalidad
de lo más completa que jamás he visto en mi vida. Tiene una
preciosa mirada, segura de sí misma, acompañada de unos labios
carnosos increíbles propicios para dar y recibir placer; sus
labios invitan a la locura, sólo de pensar en ellos noto un
escalofrío por todo mi cuerpo que termina en una sensación irrefrenable
de besarlos.
Sus atributos sexuales están muy bien definidos, posee unos
deliciosos pechos los cuales quiero besar en todo momento, es
una auténtica tortura el pensar constantemente en ellos y no
poder acariciarlos. Su cintura es perfecta, delgadita y con
un ombligo precioso; sus caderas están bien marcadas y de las
cuales nacen unas piernas bien prietas y formadas que denotan
que Sonia ha practicado mucho deporte durante toda su vida.
Aquel día llevaba unos pantalones de tela negro en la parte
inferior, una chaqueta fina y una camiseta bien pegada que marcaba
una exuberante figura con un escote de locura que nada dejaba
ver que ella no quisiera. Por mi lado, iba vestido de pantalones
de tela y camiseta ajustada que marcaba un cuerpo algo fondón
pero que excitaba a Sonia cuando yo hacia uso de él. Nos encontramos
en el momento en que llego a mi dama y le entrego su "trina
de naranja" que tanto le gusta, yo bebía una botella fresquita
de agua, quizá como posible antídoto al calor que se veía venir.
La música invitaba a bailar y a mover nuestros cuerpos, comenzamos
con música pachanguera y como si no conociéramos a nadie cada
pareja se aisló del resto del mundo y comenzó a bailar entre
sí. Yo no soy muy bailarín, pero cuando me animo, me animo.
A Sonia le encanta que baile y como yo se que eso le gusta
y excita lo hago de forma que mis movimientos le provoquen.
Aquel día no pretendí bailar para pasármelo bien, ni para pasar
un rato allí e irme a dormir tras un par de horas. Aquel día
me encontraba caliente, me apetecía jugar y ofrecí todo mi repertorio
de movimientos a Sonia con el fin de que ella me deseara y se
excitara con los movimientos de mi cuerpo. He de reconocer que
gracias a algún curso de bailes de salón he mejorado bastante
y domino un poquito más el arte de bailar.
Comenzamos a bailar bien agarrados, nuestros cuerpos bailaban
al unísono, nuestras sensaciones parecían ser las mismas, nos
apetecía cortejarnos y provocar el uno en el otro un cierto
grado de excitación. Entre baile y baile nos dábamos besos de
esos que te mueres, sus labios carnosos y juguetones me eran
ofrecidos constantemente y yo no me cortaba y los besaba de
tal forma que al separarnos un ligero hilo de baba colgaba de
nuestras bocas húmedas. Suponía un primer grado de excitación
que poco a poco se iba acrecentando a medida que nuestros cuerpos
aumentaban de temperatura debido al calor existente en el propio
local, al lógico aumento de temperatura provocado por nuestro
baile y a la excitación que nos estábamos provocando el uno
en el otro.
Al momento Sonia se quitó la chaqueta y dejo a la vista sus
maravillosos senos que tanto me gustan, como un loco los miré
y me entraron unas ganas irrefrenable de tocárselos pero lamentablemente
estábamos en un local público y no podía. Una y otra vez se
los miraba, sin sacar nada de ello más que un aumento de temperatura
que recorría todo mi cuerpo y que se dejaba notar en una erección
de mi pene que intentaba disimular bailando lo más cercano posible
de ella.
Era tal mi excitación que quería que ella la notara, me abracé
notablemente a ella y le aproximé mi pene a su cuerpo para que
lo sintiera, en aquel momento necesitaba que me tocara, que
me acariciaba, pero sabía que eso no podía ser. Ella lo notaba,
notaba mi pene en su cuerpo, cerca de su vagina y eso le gustaba,
ligeramente me lo tocaba con su mano para que no se diera cuenta
nadie y eso me volvía loco; después me miró con sus ojos dilatados
y nos fundimos en un delicioso beso del cual ya no nos pudimos
recuperar. La mirada de sus ojos, su boca y la forma de mirarme
me indicaban que en aquel momento su excitación solo era comparable
a la mía, mi erección se traducía en su cuerpo en la humedad
de su sexo.
Estábamos a mil, bailábamos con movimientos sexuales que rozaban
la inmoralidad pero nosotros estábamos poseídos por el momento.
Nuestros cuerpos se frotaban, mi pene seguía creciendo a cada
contacto de su cuerpo, a su vez, sus senos se volvían más firmes
mientras que sus pezones se endurecían y se dejaban ver a la
vista de todo el mundo; Sonia se avergüenza del endurecimiento
de sus pezones pero a mi no hacen otra cosa que ponerme súper
cachondo.
En un momento dado intento esconderla entre mis brazos y aprovecho
para acariciarle un pecho discretamente, a ella eso le gusta
porque me ofreció otro maravilloso beso donde nuestras lenguas
se entrelazaron y jugaron durante un breve instante. Estábamos
que no podíamos más, la única solución que era irnos a gozarnos
pero en aquel momento la otra pareja nos invito a otro refresco
lo que retrasó nuestra agonía y tuvimos que aguantar todo nuestro
frenesí durante un rato más. Parece que al pedir el nuevo refresco
y mientras lo traíamos y no, mi erección se desvaneció y con
ello la excitación. A Sonia le tuvo que pasar algo parecido
porque al volver la encontré más entera, menos excitada, pero
seguía bailando.
No tardamos en ponernos a tono nuevamente, bailamos bien agarrados
y con movimientos sensuales donde cualquier gesto era una excusa
para acariciarnos o tocarnos nuestras partes más sensibles sin
que nadie nos viera. No sé que nos pasa pero nos excitamos más
cuando estamos en medio de la gente o con riesgo de que alguien
nos pille que cuando estamos excitados, con ganas de sexo y
nadie nos puede ver. Ése miedo a que alguien nos vea nos gusta
y nos excita más que en otros momentos más íntimos y con menos
riesgo de ser vistos. Supongo que aquella noche eso también
influyó porque pocas veces me sentí tan cachondo como aquella
noche.
Sin darnos ningún respiro, nuestros cuerpos se movían al unísono
de nuevo, otra erección se produjo en mi sexo cuando volví a
sentir su cuerpo prieto cerca del mío, con sus senos apretados
en mi pecho, tuve que acercar mi pene a su vagina para evitar
ser notado por el resto de gente, especialmente por la otra
pareja. En aquel momento sonó una canción súper sensual, era
parecida a la de "siete semanas y media", en este caso era una
de Cristina Aguilera, "bule bucuse abemua sexua" decía la canción,
era precisamente lo que nos faltaba para ponernos malos del
todo.
Sin ningún tipo de reparo comenzamos a bailarla, yo tome la
iniciativa y comencé a comerla con los ojos, la deseaba, quería
poseerla y se lo hice ver con todo mi cuerpo. La besé en su
cuello, lo que hizo que mi pene estuviera a punto de reventar,
la abracé con una mano en el cuello y la otra en su trasero
y comencé a hacer movimientos sexuales con nuestras pelvis haciendo
que mi pene y su vagina se frotaran deseosamente; flexionaba
mis rodillas y subía mi pene hacia su caliente vagina en busca
de un encuentro feliz y permanecíamos allí durante unos cuantos
movimientos pélvicos.
Estábamos rozando el escándalo público, pero eso hacía que
me pusiera más cachondo; recorrí todo su cuerpo de arriba abajo
con mis manos pasando por su cuello, hombros, pechos, cintura
y muslos haciendo una pequeña parada en su sexo al subir, noté
que estaba húmedo y caliente y aproveche para mirarla y darle
un beso embriagador que hizo que notara en mi pene un frescor
producido por la salida de líquido lubricante. Era el momento,
los dos estábamos a mil, teníamos ganas de poseernos, de tener
sexo, nuestra excitación nos superaba y teníamos la imperiosa
necesidad de hacernos el amor.
Sin dudarlo ni un momento más nos despedimos de la otra pareja
abogando que era demasiado tarde y que estábamos cansados. Rápidamente
salimos que aquel oscuro lugar, fuimos abrazados hasta el coche,
una vez dentro nos besamos fogosamente y nos pusimos en marcha.
Tardamos cinco minutos en llegar a casa, pero en esos cinco
minutos nos dio tiempo a incrementar nuestra calentura, mientras
yo conducía ella me acariciaba el pene suavemente lo que me
hacía sentir en el cielo, yo le correspondía con un ligero toque
en el interior de sus muslos para llegar a rozar su precioso
aparatito.
En un momento dado ella me desabrocho la bragueta e introdujo
su mano dentro, allí le esperaba ansiosamente mi miembro en
un estado de erección escandaloso, ella jugaba con su mano a
acariciarme por las piernas, me torturaba porque yo deseaba
que me tocara, pero a la vez eso me ponía más caliente. Me siguió
acariciando las piernas hasta llegar a los testículos momento
en el que me homenajeó con un maravilloso masaje. No podía más,
tuve que parar en mitad de la calle bajo una farola que andaba
fundida, ella comprendió que no podía más y se abalanzo sobre
mi besándome en la boca. Nuestros labios estaban más grandes
de lo normal y nuestras bocas se hacían agua al movimiento frenético
de nuestras lenguas.
Comenzó a besarme por el cuello y por mi punto débil, la oreja,
ella lo sabe y lo hacía con el fin de ponerme lo más caliente
posible, eso a ella le gusta y le pone a mil también; su mano
seguía masajeando mis huevos, estaba en un estado de plena entrega,
todo mi ser era suyo, y ella no dudaba en aceptar mi ofrecimiento.
En aquel preciso momento fue cuando me desabrocho totalmente
los pantalones y bajo cuidadosamente mis calzoncillos, en ese
instante mi pene se liberó de aquel ceñido bóxer y pudo desplegar
toda su extensión sin que nada lo obstruyera. Sonia aún no lo
había tocado, yo me moría de ganas de que me lo tocara suavemente
pero ella me ofreció otra cosa, suavemente me fue besando desde
mis orejas y cuello hasta mi cintura y ombligo, en aquel momento
comprendía a donde quería llegar.
En cierta forma lo deseaba, lo quería, ella siguió su recorrido
interminable, alargando mi espera, en aquel momento mi pene
estaba deseoso de sentir aquellos labios húmedos y carnosos
cerca de él. Poco a poco se acercaba, mis pulsaciones subían
por momentos, no podía evitar el jadeo como pidiendo que lo
hiciera pronto, pero no, ella quería hacerme sufrir y siguió
besándome por la entrepierna hasta llegar a la base de mis testículos;
finalmente pude notar como su lengua suave y caliente empezó
a recorrer mis huevos hasta llegar a chuparlos primero uno y
luego otro.
Mi pene ya no podía más, toda una noche de excitación y ahora
esta tortura tan preciosa, necesitaba que me la chupara. Justamente
ella me tuvo que leer el pensamiento y me empezó a recorrer
todo mi pene con su lengua. Inició su recorrido majestuoso por
la base de los huevos y fue subiendo con su lengua suavemente
hasta recorrer mi polla de abajo a arriba sin llegar a tocar
el glande, volvió a hacer tan maravilloso camino en sentido
contrario. Mi pene estaba enorme, como jamás en mi vida, no
podía más, me moría de gusto.
A ella parecía gustarle también porque notaba como su lengua
soltaba un hilo de baba semejante al que nos sale cuando nos
besamos apasionadamente. Su lengua pasaba por toda la periferia
de mi pena pero sin llegar a introducirla en su boca a la vez
que me masajeaba los testículos, lo que hacía de tal forma que
me echaba el pellejo del pene hacia atrás y dejaba salir el
glande a la superficie. Baje la mirada para ver como mi amor
me lamía mi cosita, eso me pone más cachondo aún, me gusta mirar
como se la come y como eso le gusta a ella y hace que se ponga
cachonda.
Seguí mirando y fui testigo de cómo precisamente en el momento
que más lo deseaba se introdujo mi pene en su boca, fue maravilloso,
no se puede describir esa sensación, mi pene estaba súper grande
y rociado de un estupendo lubricante que se entremezclaba con
su saliva y producía un sonido aún más excitante.
Ella me seguía ofreciendo placer, notaba la presión de sus
labios en mi pene y su ligero toque de lengua por todo mi pene,
seguía chupándola de arriba a abajo, se la estaba comiendo toda,
le cabía perfectamente dentro de su boca, de vez en cuando acompañaba
el movimiento de su boca cogiendo mi polla por su base, lo que
hacía que la presión fuera mayor y el placer más intenso. Unas
ganas increíbles de explotar recorría todo mi cuerpo, no podía
dejar de jadear y de decir "sigue mi amor","que placer", a lo
que ella respondía poniéndolo más entusiasmo en la labor.
Tras un cuarto de hora de estar chupándomela noté como un escalofrío
intenso me iba recorriendo todo mi ser, ella lo debía notar
porque ponía más ahínco; me encontraba cerca del cielo, en el
clímax, yo le decía "sigue cariño que me llega" con voz entrecortada
y ella obedecía con gran dedicación, finalmente mi pelvis se
elevaba incontrolablemente una y otra vez augurando una eyaculación
irrefrenable, ella lo estaba viendo venir y no quiso que ninguno
de nuestros hijos murieran en otro sitio que fuera su boca.
Me corrí, me corrí como nunca en mi vida, sentí un placer infinito
en todo mi ser a la vez de una liberación en mis testículos.
Fue increíble, maravilloso, jamás he vivido algo parecido.
Fue difícil recuperarme de tal paliza, pero esto no podía quedar
así. Me vestí y puse el coche en marcha rumbo a nuestra casa,
no deje de tocarles sus majestuosas tetas en todo el camino
salvo para recorrer con mi mano sus piernas. Ella estaba muy
cachonda y estaba necesitada de placer y yo estaba dispuesto
a dárselo. Finalmente llegamos a casa, encendí la chimenea que
tenemos en el salón, extendí una alfombra y puse una música
de fondo ambientada en el momento. Estábamos de pie, la tome
por su espalda y comencé a besarle el cuello suavemente mientras
le acariciaba sus senos, noté que se ponía a tono porque sus
pezones se pusieron duros como piedras; poco a poco fui bajando
las piernas pasando por su cintura y muslos mientras le chupaba
las orejas.
Ella se estremecía conforme notaba que su sexo se humedecía
de la excitación y no oponía ninguna resistencia ante mis caricias.
Me situé frente a ella y la besé dulcemente, su boca aún sabía
a mi pene pero eso me gustaba, fueron unos momentos estupendos,
nuestras lenguas estaban muy suaves y nuestros famosos hilillos
de baba fluían al mismo ritmo que su vagina se dilataba. Le
quite la camiseta y comprobé que llevaba ese sujetador de lujo
que tanto me gusta y que me resulta tan excitante. Era transparente
y con la luz de fuego de fondo podía ver como sus pezones estaban
a punto de romper el sujetador.
Besé su cuello nuevamente mientras acariciaba deliciosamente
sus senos, ella tenía entrecerrados los ojos con una cara indudable
de placer y gusto; le desabroche el sujetador y dejo al aire
esa maravilla de pechos mirando al techo como si de una chica
de dieciocho años se tratara. Mis labios fueron bajando poco
a poco desde su cuello hasta sus senos y empecé a besárselos
con mucha ternura, pasé mi lengua una y otra vez por sus pezones
que cada vez se ponían más duros.
Mientras le chupaba sus senos mis manos acariciaban suavemente
su espalda hasta que llegaron a su culo. Le desabroché lentamente
los pantalones momento en que recorrieron el interminable camino
de sus piernas hasta llegar al suelo. Llevaba una tanga también
transparente que dejaba entrever su afeitado sexo. Para aquel
momento mi pene estaba ya recuperado de sobra y más duro que
una tabla de madera, estaba dispuesto para la guerra nuevamente.
Notaba como mi pene se endurecía cuando le toque el culo insistentemente,
ella empezaba a jadear de placer.
En ese momento inicie un recorrido con mi lengua que fue desde
sus pechos hasta el ombligo, ella empezó a flexionarse indicándome
donde quería que llegara con mi lengua, pero ahora me tocaba
a mi jugar. Seguí el recorrido a la vez que le bajaba las bragas,
noté el olor maravilloso que desprendía su vagina, indicio de
que estaba a puntito para ser tratado. Seguí perpetuando su
momento de placer abriéndola de piernas y acariciando suavemente
su entrepierna con mis manos a la vez que con mi lengua me iba
aproximando poco a poco a su cosita.
Ella ya no podía más y con sus jadeos me suplicaba que le chupara
lentamente su sexo; la tumbé en la alfombra y la abrí de piernas
de forma que tuviera las piernas flexionadas para que yo pudiera
ejercer perfectamente la maniobra. Saque mi lengua y recorrí
su pierna desde las rodillas hasta la ingle, a medida que me
acercaba a su vagina ella se iba estremeciendo hasta que finalmente
le lamí los labios superiores, ella quería más presión, me decía
"más","sigue por favor", separé sus labios con mi lengua y aparecieron
sus labios inferiores y su apetitoso clítoris.
Tenia su coñito afeitado con lo que hacia que la sensación
tanto para ella como para mí fuera más intensa; comencé a chupar
y a chupar suavemente de arriba a abajo a la vez que ella se
retorcía de gusto mientras jadeaba. Lo tenía muy húmedo y fabulosamente
lubricado, disfrute de ese momento tanto o más que ella; decidí
ofrecerle la mejor comida de coño que jamás le había hecho,
le besé suavemente sus labios como si de los labios de la boca
se trataran, era mejor porque éstos eran aún mas grandes y carnosos.
Besaba uno, luego el otro, ella se moría de gusta -- "sigue
mi amor, sigue", "que bien, que bien" "ah, ah, oh, sí, siiiiiii"
-- , esos jadeos hacían que yo me excitará aún más. A continuación,
me ayude de mis manos para separar sus labios y comencé a chuparle
su clítoris, notaba como poco a poco iba creciendo y haciéndose
más grande, lo iba alternando con suaves lametones por todos
sus labios inferiores.
Entonces fue cuando introduje mi lengua por su agujerito y
empecé a sacarla y a meterla, le hice el amor con la lengua
hasta ver que moría de gusto, que no aguantaba más. Noté que
le venía el orgasmo porque su cuerpo se estremecía con más rapidez
que anteriormente y coloqué mis labios en su clítoris en forma
de "O" mientras le hacia el amor con dos de mis dedos. Me siguió
pidiendo más hasta que finalmente me dijo --"para, para"-- ,
yo paré y su vagina empezó a sufrir contracciones mientras ella
jadeaba imperiosamente hasta desencadenar en un placentero orgasmo
que recorrió todo su ser - "ah, aaah, siiii, siiii, oooooh"
"¡que bueno! .
Seguí acariciando su aparato después del momento de placer
y éste continuaba húmedo. Ella seguía excitada y quería más,
yo me encontraba en un momento de excitación supremo y en ese
momento me eché encima de ella y le introduje mi pene suavemente.
Noté en mi pene la presión que ejercían sus labios y eso me
daba más placer, ella se retozaba de gusto y me decía - "si
mi amor, métela toda y hazme el amor" "sigue, sigue"--; ahí
estábamos, ella despatarrada y con las manos hacia atrás mientras
yo le hacia el amor salvajemente con movimientos de pelvis continuos
y profundos. Los dos estábamos disfrutando como enanos, de repente
ella se retiro y se puso a cuatro patas de espaldas a mi, comprendí
en aquel momento que quería que lo hiciéramos por detrás.
Cogí un poco de saliva y lubriqué tanto mi pene como su ano,
aproximé mi pene a su ano y lo empecé a introducir lentamente,
no hubo ningún problema y comencé a montarla como nunca lo había
hecho. Sentí una enorme presión en todo mi pene, eso me gustaba
y seguí haciéndole el amor insistentemente, a ella también le
gustaba porque no paraba de jadear y exclamar -"que bueno, aaah,
aaah"--, fue maravilloso, ella se acariciaba su clítoris buscando
más placer aún. Tras un rato volvimos a la posición inicial
y seguimos haciendo el amor más de una hora seguida en diferentes
posiciones y posturas, finalmente ella me pidió que parara pero
que dejara mi pene dentro de su vagina. Fue increíble, su vagina
se contraía constantemente y eso lo podía notar en mi pene,
era increíble ver como le estaba llegando el orgasmo a ella
y a mi de verlo también. -"aaah, siii, ya llega, aquí está.
¡¡AHHHHHH!!, SIIIII", a su vez tuve un maravilloso orgasmo yo
también, momento en el que los dos quedamos exhaustos y fundidos
en un interminable abrazo de amor.
Al día siguiente despertamos con un ligero rayo de luz que
entraba por la ventana y ahí estábamos nosotros, desnudos y
abrazados el uno al otro formando una sola persona. Parece increíble
pero jamás se me podrá olvidar la noche que pasamos aquel sábado
de no se que mes y de no me acuerdo que año.