|
Todo sucedió cuando tenía 25
años (ahora tengo 27 ). Mi mamá tenía muchas
amigas que la visitaban en su sala de belleza y a veces las atendía
en la casa. Yo siempre me ponía caliente porque llegaban
unas señoras con unos cuerpazos fenomenales y, entre ellas,
siempre me gustó la mamá de un chica que era mi
novia. Era casi seguro que después de verla entrar yo corría
al baño a masturbarme.
Un día, mi novia me invitó a su casa a cenar, lo
cual hicimos. Después empecé a sentir que mi novia
me tocaba por debajo de la mesa y eso me ponía nervioso.
Poco a poco me sobaba mi verga hasta que ya no aguanté
más y fingí que me despedía. Ella ya sabía
la técnica: dejaba la ventana abierta de la recámara
y yo entraba por el jardín. Y lo hice como siempre.
Ya adentro, ella inmediatamente me quitó la ropa, como
desesperada, y me empezó a lamer la verga. Yo acariciaba
sus senos blancos y firmes. Terminamos haciendo un 69. Me encantó
mamarle su puchita hasta que sintió después de un
largo rato el primer orgazmo. Entonces me pidió que se
la metiera por el ano, lo cual me pareció buena idea, pero
nos hacía falta lubricante así que, muy despacio,
salí de la recámara y fuí al baño.
Pero la mamá de ella estaba en un lugar oscuro, tal vez
revisando que todo quedara cerrado. Al verme, no me dijo nada
pero me siguió hasta la recámara. Sólo se
limitó a mirarnos por la cerradura que, por cierto, no
servía y tenía un gran hoyo por el que se podía
ver bien. Después de cogerme a mi novia por el ano, terminamos
agotados y salí por la ventana.
Al día siguiente fuí de nuevo a casa de mi novia,
pero ella no estaba. Su padre sa la había llevado a comprar
víveres, y cuando pregunté por ella a su mamá
me dijo que volvería pronto y me dejó entrar para
esperarla, a petición de ella. Estaba ya en la sala cuando
se agachó para hacer que buscaba algo. Estaba casi en mis
pies y le pregunté qué pasaba. Me contestó
que buscaba una sortija y que la ayudara, lo cual hice. En una
de esas se me puso enfrente totalmente empinada, de a perrito,
y casi me vengo de la gran excitación que me provocó
al ver el gran tamaño de sus nalgas en esa posición,
y más cuando se veía la silueta de su cuerpo en
el vestido.
Al darse cuenta, ella me tocó la cara y me preguntó
por qué respiraba agitado. Le dije que me había
puesto nervioso. Inmediatamente ella me tomó de la cabeza,
la dirigió hacia sus pechos y me pidió que le besara
los pezones. A mí, como es lógico, me sorprendió.
Me dijo que nos había visto a su hija y a mí la
noche anterior y que se quedó con ganas porque su esposo
no la tocaba hacía tiempo.
Poco a poco le fui quitando la ropa hasta que quedó desnuda
totalmente. Sentía cómo mi falo crecía cada
vez más. Me bajó los pantalones y, sobre el calzón,
me dio varias pequeñas mordidas. Luego me tomó de
la verga, que tenía como un tronco de roble, y me la frotó
con una experiencia exquisita. La llevó a su boca para
mamármela frenéticamente. Me sentía como
en un sueño.
Después de mamármela se puso de a perrito y, al
ver aquella inmensidad de cadera y de nalgas, casi me vengo. Me
pidió que se la metiera toda, casi a gritos. Realmente
estaba muy excitada y deseosa. La tomé por la cintura y
comencé a metérsela por esa concha enorme y caliente.
Poco a poco tomé velocidad y aquello me sabía a
gloria. Ella se movía como loca y me decía que ya
lo necesitaba. Con palabras entrecortadas y jadeando me pidió
que se la metiera en el ano. Sentí lo más sabroso
del mundo porque lo apretaba cada vez que la metía hasta
el fondo. Ella gemía de placer. Al verla, me vine dentro
de su caverna anal.
Después de sacarla parecía insasiable. Siguió
mamándomela para que no se me bajara. Después sólo
la frotó. Se acostó sobre el sillón y abrió
las piernas para empezar a masturbarse. Me agarró la verga
y siguió frotándomela para que no se me apagara.
Casi cuando llegaba a su orgasmo me pidió que se la metiera,
lo cual hice con una velocidad impresionante por la excitación
que me provocó verla masturbarse, hasta que por fin llegó
al orgasmo que la dejó con cara de felicidad extrema.
Me pidió que le lamiera la concha y para mí fue
lo más sabroso del mundo al percibir aquel aroma. Me sentó
en el sillón y continuó mamándomela. Yo sentí
sus labios húmedos en mi pene, al mismo tiempo que me lo
lamía poco a poco desde los huevos hasta el glande, con
una experiencia meticulosa. Yo me excitaba porque ella se metía
los dedos en el ano y yo se los metía en la concha.
Era tal la excitación, que nos vinimos al mismo tiempo.
Apretó fuertemente, sacándosela y metiéndosela
de la boca, cuando me vine y casi se tragó mi semen. Cuando
terminamos, al poco tiempo llegó su familia. A partir de
entonces, cada vez que podía me daba una escapada a su
casa para repetir la historia hasta que se mudaron de casa. Nadie
supo ni sospechó nada. Mi deseo de cogerme a una persona
mayor que yo se había cumplido.
Más
Relatos de sexo, Fotos, Videos y Mujeres en vivo AQUÍ
volver
| envíanos
tu relato | recomiéndanos |