Una tía a la que le olía el chocho más
que a nadie en el mundo, y no podía tener relaciones
porque, aunque estaba buenísima, todos los tíos
salían corriendo a la hora de entrar a matar.
Está en el ginecólogo...
- Bueno, doctor... ¿qué tal las pruebas?
- Pues verá usted... Esto ni es operable, ni tiene medicación
posible, ni echándose 10 botes de Rexona todos los días,
ni lavándoselo con agua bendita; a usted le olerá
así toda la vida, así que le recomiendo que encuentre
a alguien que carezca del sentido del olfato.
- Bueno... a ver si hay suerte.
Al cabo de cuatro años, estaba cenando con un hombre,
y éste le confiesa que no tiene nada de olfato. "¡Madre
mía! ¡A éste sí que me lo follo",
pensó ella. Total, que se van para casa y empiezan a
desnudarse. El tío se dispone a practicarle el cunilingus,
y al ratito le dice:
- Oye, a ti te huele el coñó un montón,
¿verdad?
- Pues... Sí... Pero.. ¿cómo lo has sabido,
si no hueles?
- ¡¡Coño, asquerosa!! ¡¡Me están
llorando los ojos!!